Me desperté un día, un día como otro cualquiera, uno más entre tantos.
Un día que prometía ser monótono, gris, un día sin ilusión ni esperanza…
No sabía que el destino, ese niño juguetón y caprichoso, iba a tocarme con su sutil mano…
Ese dia, aparecieron en mi vida unos ángeles, deslumbrantes, hermosos, a los que les debo todo… y uno destacaba entre ellos… uno cuya luz me hizo volver a ver entre las tinieblas que en mis ojos había formado el tiempo “vivido”, uno que me hizo ver que vale la pena volver a mirar con los ojos del alma… que en esta jungla de materialismo e hipocresía a la que llamamos sociedad (o debería decir zoociedad) hay gentes que deslumbran solo con su presencia, porque son la esencia de el amor, la amistad, las risas… de la vida, por decirlo en una palabra.
Yo estaba solo en una isla en la que me había recluido por voluntad propia, culpando a mis propios fantasmas de la mala fortuna, sin reconocer que “la mala suerte” no existe… la suerte es el resultado de nuestras decisiones, de nuestros actos y con cuyas consecuencias deberemos vivir siempre…
Esa isla de soledad a la que me había acostumbrado, fue sacudida por un seísmo, un seísmo con caras y nombres… me hizo despertar de mi letargo, me hizo ver que mas allá de mi limitada visión, había algo mas… algo que no me atrevía a ver, que me daba un miedo terrible ver, que estaba allí a fuera, esperándome… creía que me iba a devorar… que equivocado estaba… no quería devorarme, tan solo abrazarme con ese abrazo tierno, un abrazo como si de una madre se tratase… que necio fui…
Ahora puedo verlo… unas simples risas, unas palabras dulces… eso es la felicidad, eso es la autentica vida… el Sol, la Tierra, el Universo… la amistad… el amor…
Todo aquello que los fantasmas de mi pasado me negaban, todo aquello que me estaba prohibido, todos esos tabús, victimismos, auto-compasión… todo tragado por ese seísmo llamado amistad, por esos ángeles sonrientes que me tendieron la mano un día y me siguen cobijando bajo sus alas… y sobre todo por uno en especial, el que menos esperaba, aquel que llego el ultimo, como seguro de sus virtudes, de su belleza, no fue la manzana de la discordia, fue la manzana de la sabiduría, de la paz, de la madurez… aquel ángel que sin saberlo me ha regalado una de las cosas más bellas que me han regalado nunca… comprensión, afecto, cariño, un aliento mágico de vida… porque los ángeles existen, solo hay que saber hacia dónde mirar y en qué momento preciso…
Para mis amig@s a los que les debo tanto y sobre todo, para mi ángel particular…
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