domingo, 14 de diciembre de 2008
Ella...
Ella está a mi lado… me acerco y la acaricio. Su tacto me recuerda a todo lo bueno que he vivido, me transporta a un mundo donde solo existe su calidez, su dulce voz. Una voz cargada de promesas, de emociones, una voz que me dice: “acaríciame con ternura y te daré lo mejor de mí”. Le hago caso… la toco, con miedo al principio, su voz comienza a darle alas a mis manos, unas manos que recorren su cuerpo. Ella comienza a vibrar y yo con ella, regalándome su calor, sus suspiros largamente guardados. Cierro los ojos, comienzo a fundirme con ella, ya somos uno. Mi piel se eriza, mis sentidos se enervan, mis ojos se humedecen, mi boca se seca.Esa sensación de crear algo bello, diferente, me atrapa. El tiempo deja de existir como tal, empiezo a entender lo relativo que puede llegar a ser. Las horas se transforman en segundos, los segundos en años… abro los ojos, una fina película de sudor cubre mi piel ardiente. En mis oídos todavía resuena su voz como un eco que se niega a extinguirse… no dejare que huyas de mis sentidos… vuelvo a acariciarla y sus palabras resuenan nuevamente como luz liquida. Vuelvo a viajar a ese recóndito lugar donde se forjan las promesas, los sueños… no quiero irme todavía.Suena el teléfono como una voz indeseable y no invitada que amenaza con irrumpir en mi utópico mundo con su nociva carga de realidad… no le permito entrar en ese lugar mágico en el que me encuentro. Por fin enmudece y mi alma vuelve a deslizarse entre ese algodón en el que se ha transformado la realidad. Vuelvo a sumergirme en su voz y todo se convierte en cristal, transparente, brillante, frágil. Mi conciencia comienza a tomar el control de mis sentidos, todo comienza a perder su luz, el tiempo se vuelve denso, tedioso… es hora de volver. La aparto de mi lado, con infinito cariño, la miro y me dice sin palabras. “cuanto más me conozcas, mas lejos te llevaré”. Sé que es cierto… apenas la conozco… me levanto del sofá y vuelvo a mirarla. Ahora parece fría, muda, ausente. Tengo la tentación de volver a su lado, de volver a acariciarla, de sentir nuevamente su voz, pero es tarde, debo ir a trabajar… una última mirada, sus seis cuerdas brillan bajo el mortecino Sol que entra por la ventana… hasta mañana, guitarra querida, mañana volveremos a viajar juntos, lejos de todo, mañana me dejare seducir nuevamente por tus cálidas notas… mis dedos despellejados son el recuerdo de nuestro idílico viaje… hasta mañana…
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